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Terra
La Coctelera

La pulgada

No…no es nada animal…ni vegetal…no es ningún insecto.

Es una medida inglesa, que equivale a 25,4 milímetros.

Antiguamente su valor exacto cambiaba, en función del rey que regía en el país, ya que nada más “ponerse” la corona, a este se le imprimía la huella de su dedo pulgar, de su primera falange , de la que se tomaba el ancho de la marca.

Su abreviatura es plg en español, y en inglés es in (inch), su nomenclatura está señalada por comillas 15”, lo que equivale a un pie: 15 ft es igual que 15”

Lord Byron y su “problemilla”

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George Gordon Byron, sexto Lord Byron

Todos conocemos a Lord Byron, poeta inglés nacido en Londres el 22 de enero de 1978 y que murió en Grecia, el 19 de abril de 1824, tras sufrir un ataque epiléptico, contrajo la malaria.

Los médico le prescribieron unas sangrías, él se negó, pero unos días después, debilitado por la dolencia, y llamándolos asesinos, dio su consentimiento, la primera vez que le sacaron sangre fue el 16 de abril, no mejoró, y 3 días después falleció…según parece, y según testigos que lo presenciaron, afirmaron que fueron dos litros de sangre lo que le sacaron…murió con 36 años.

Bueno, pues tenía cierta “manía”, le gustaba estar siempre “de espectador” cuando sus amantes se peinaban sus cabellos. Llegó tanto su obsesión por el pelo, que robó en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, una hebra de pelo rubio brillante, que había pertenecido a Lucrecia de Borgia. Cuenta que lo lió en su muñeca sin que se diera cuenta la bibliotecaria., lo que no cuenta que es lo que hizo después.

Pues ese “problemilla” se llama Tricomanía, que es una obsesión que puede ser enfermiza, por el pelo, no paran de acariciarlo, en ocasiones morderlo o arrancárselo de raíz a mechones. Pero no solo suelen arrancarse los pelos de la cabeza, se arrancan las cejas, pestañas, axilas, y hasta el pubis.

ACUÉRDATE DE MÍ

Llora en silencio mi alma solitaria,

excepto cuando está mi corazón

unido al tuyo en celestial alianza

de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual lumbrera,

que brilla en el recinto sepulcral:

casi extinta, invisible, pero eterna...

ni la muerte la puede aniquilar.

¡Acuérdate de mí!... Cerca a mi tumba

no pases, no, sin darme una oración;

para mi alma no habrá mayor tortura

que el saber que olvidaste mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito

rogar por los que fueron. Yo jamás

te pedí nada: al expirar te exijo

que vengas a mi tumba a sollozar.

Traducido por Enrique Álvarez Bonilla